Patricio Reyes Caldarone*
Muchas veces nos preguntan cómo es que denominamos Campos de Concentración a los CIE’s (Centro de Internamiento de Extranjeros) ¿Es que acaso estamos homologando los Campos de Concentración nazis del pasado con los CIE’s del presente?
Evidentemente hay una distancia sideral entre la experiencia de la Shoah y la actual situación europea de persecución y criminalización de los extranjeros bajo el amparo de la llamada Directiva de la Vergüenza.
La xenofobia institucional presente no es en absoluto equiparable en sus efectos de la persecución antisemita del nazismo.
Sin embargo, es preciso analizar y aclarar los puntos, inquietantemente comunes, entre los discursos institucionales de los gobiernos europeos del presente y los de la jerarquía nazi del pasado.
I.
En primer lugar, la posibilidad fáctica, por parte de los poderes políticos, de encerrar hasta 18 meses a ciertos ciudadanos que no han cometido delito alguno, en un espacio público acotado, sin posibilidad de entrar o salir y sin posibilidad de comunicarse libremente con el exterior.
Dichos ciudadanos cumplen dos condiciones: son extracomunitarios y han cometido alguna falta administrativa (generalmente son portadores de una documentación incompleta).
Los movimientos de derechos humanos, las asociaciones de inmigrantes y hasta la opinión minoritaria del parlamento europeo se escandalizaron con el recorte de derechos fundamentales que comportaba la Directiva de la Vergüenza.
Sin embargo, creemos que no es tan grave el recorte de derechos como el discurso en que se inserta y que se homologa, grave e inquietantemente, a la filosofía segregacionista del nazismo.
Entre las políticas de los CIE’s y las políticas de los ghettos del nazismo, no hay diferencias de naturaleza, sino de grado. Aunque la diferencia de grado sea muy amplia, eso no debe hacernos perder de vista que ambas políticas públicas anclan en la radicalidad de lo inicuo que supone la segregación de ciudadanos que no han cometido ningún delito.
II.
En segundo lugar, se suele argumentar que la infraestructura y la gestión de los CIE’s suele ser correcta aunque mejorable. Se dice que (más allá de situaciones puntuales y algunos déficit de gestión en algunos centros) desde una perspectiva global y genérica, la situación en los CIE’s no es mala y que los “retenidos” no la pasan tan mal. La versión más cínica de este enfoque es la que dice que los ciudadanos encerrados en los CIE’s “están mejor allí que en sus propios países”.
En tal sentido, y como la historia es pertinaz, es inevitable comparar las similitudes narrativas de los actuales informes LIBE de aquellos que elaboraban los delegados de países europeos que visitaban a los ghettos nazis para comprobar el “estado de situación” de los mismos.
En 1943, a raíz de una visita de una delegación de la Cruz Roja Internacional al ghetto de Theresienstadt (Terezín), los nazis se dedicaron a “reconstruir” durante siete meses, las fachadas de los edificios y poner flores en sus plazas. Eso no fue todo, también habían preparado el film propagandístico “El Fürher regala a los judíos una ciudad”. La estética narrativa de entonces se emparenta de tal manera con los contenidos que podemos ver en cualquier página web de instituciones oficiales actuales que nos hacen pensar que las corrientes subterráneas del binomio xenofilia paternalista / xenofobia de los europeos tiene raíces más profundas de lo que los mismos europeos estarían dispuestos a asumir.
Lo que da escalofríos no es tanto el mayor o menor bienestar o malestar de los segregados (de antes o de ahora) sino la naturalización de los espacios de segregación que dichos informes incorporan en su discurso.
Si a ello se le suma el carácter pluripartidario de la comisión LIBE (representantes desde la izquierda hasta la derecha) que supervisaría la situación de los segregados, obtenemos un panorama éticamente desolador al comprobar que los mismos representantes políticos europeos son incapaces de desmarcarse del paradigma de la segregación. Como si abogar por el bienestar de los esclavos negros en Alabama fuera loable, como si supervisar la situación de los habitantes del ghetto fuese lo correcto, como si fiscalizar el funcionamiento de los CIE’s fuese meritorio, los representantes políticos europeos de la Comisión LIBE incoan en sus informes la idea de la inevitabilidad de una segregación ignominiosa.
III.
En tercer lugar, se argumenta de la provisionalidad de los CIE’s: algo así como un “no-lugar”, tal como lo definiera el antropólogo Marc Augé. Emparentado con una autopista, con una habitación de hotel, con un supermercado, con esos lugares de la no identidad, los CIE’s no representarían más que un lapsus incómodo en el recorrido vital de un ciudadano extracomunitario. Incomodidad resultado de la impericia, desidia o algún otro factor que le sobreviene a dicho ciudadano al no contar con la documentación adecuada. No debería estar aquí, debería estar allí, conclusión: el lugar de tránsito es éste CIE. Hacer un drama político de una simple estancia temporal sería ridículo e infantil.
¿Es verdad que los CIE’s no tienen status identitarios? ¿Su transitoriedad obligada es sinónimo de que no se persigue a todos los ciudadanos extracomunitarios sino a aquellos que se encuentran indocumentados o mal documentados?
El que en 175 lugares públicos europeos se gestione la segregación de ciertos ciudadanos y que en ellos sean susceptibles de encierro hasta dieciocho meses, no habla de provisionalidad precisamente, sino más bien, todo lo contrario. Si a eso se le agrega la letra pequeña de los reglamentos del encierro, especialmente el referido a la imposibilidad de comunicación externa y de impenetrabilidad de medios de comunicación o de prensa en dichos ámbitos, ello habla a las claras de la sistematicidad del asedio a la dignidad que dichos centros acometen.
Lo provisorio no sólo no exonera del cumplimiento de los derechos fundamentales sino que, además, muchas veces opera como el catalizador de los lapsus sociales con los que una sociedad intenta recubrir sus falencias. El historiador Marc Ferro, avanzó en el análisis de los mecanismos sociales a través del estudio de films de una época determinada en función no de la historia que desarrollaban sino de lo que estos no contaban, de sus lapsus. Quizás nos falta aplicar su metodología a los actuales campos de concentración europeos.
Quizás la condición de posibilidad de funcionamiento de buena parte de la actual narrativa audiovisual europea y que pivotea sobre “los mundos lejanos”, los “paraísos exóticos”, los inframundos de la calle de “aquí a la vuelta pero que está tan lejos…”, las narrativas de viajeros, etc. no es más que la otra cara del impertérrito silencio que impera en los ciento setenta y cinco campos de concentración donde miles de ciudadanos no pueden expresarse, ni obtener voces que los mediaticen.
Más que un no-lugar europeo, los llamados CIE’s no son más que el lugar privilegiado o el punto ciego del entramado de una justicia que se demora de la peor forma posible: es el lapsus societario que nos habla de lo ominoso que sobreviene. Si queríamos una distopía en la que un empresario de una multinacional de la comunicación se hiciera con el poder político y, desde allí y con apoyo popular, criminalizara y persiguiera extranjeros, ese futuro ya está aquí. El terrorismo xenófobo de estado ejercido en Italia en los actuales momentos no podría venir de cualquiera sino de alguien que, con la máxima voz (mediática) criminalizara a quien carece de ella.
La transitoriedad temporal es la máscara normativa de la permanencia ontológica de un desatino que no continúa la herencia hitleriana, sino que la constata. De las Nürnberger Gesetze (Leyes de Núremberg) a la Directiva de la Vergüenza (y sus previas y posteriores Leyes de Extranjería) no hay sino - desde una perspectiva ética- una continuidad manifiesta, quizás solo interrumpida por el período de reconstrucción europea.
La Directiva de la Vergüenza y sus Leyes de Extranjería no son más que una rediviva de un constante aflorar de aquel “Huevo de la serpiente” que poetizaba Bergman. El descalabro ético que suponen los campos de concentración llamados CIE’s, interpela de una manera directa a nuestro común entendimiento de lo que debe ser una sociedad democrática, plural y libre.
IV.
Ya lo sabemos: ni los ensayistas ni los políticos son tan certeros como los artistas a la hora de vislumbrar horizontes lejanos. En un programa de mano de una presentación que la Orquesta Filarmónica de Berlín realizó el 9 y 10 de diciembre de 1992, para presentar una obra cumbre de Luigi Nono (Il Canto Sospeso) la clarividencia es indudable:
Con “Il canto Sospeso”, Luigi Nono evoca los eventos de un pasado terrible que, comenzando en Alemania se expandió en toda Europa. Él evoca a la gente que se opuso a la violencia del nacional-socialismo, pero que finalmente fueron torturados y asesinados por tan inhumano régimen. Nono hizo un epitafio a esa gente: víctimas solitarias o anónimas.
Alemania, en el invierno de 1992/93, tres años después de la caída del Muro, una vez más ve recrudecer el odio violento e implacable contra todo lo que es “extranjero”: ciudadanos de otros países, representantes de otras culturas, de otras religiones o de otras formas de vivir. El nacionalismo, la xenofobia, el racismo y el antisemitismo están nuevamente en auge, mientras los países europeos se unen para abolir lo que los separa.
Cuanto es absurdo dividir a los hombres según su lugar de procedencia geográfica, étnica o cultural lo demuestra la composición interna de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Nuestra orquesta –Director artístico e intendente incluidos- son miembros de diversas nacionalidades y de orígenes muy diversos. Todas esas personas han marcado y siguen marcando la imagen artística de la Orquesta Filarmónica de Berlín. La diversidad de la música y de las personas es la condición misma de nuestro trabajo. Nuestras giras de conciertos son realizadas sobre el signo de la comprensión entre los pueblos. En consecuencia, apelamos a la vigilancia crítica de todos, para impedir el renacimiento de una ideología maléfica y funesta.
Orquesta Filarmónica de Berlín
El escrito no es un tratado sociopolítico ni una arenga parlamentaria, es el resultado de haber vivido la Shoah in situ y saber ver los vasos comunicantes entre unas y otras situaciones homólogas, las de ayer y las de hoy.
De ghetto a ghetto, de CIE a CIE, si afinamos el oído seguramente escucharíamos un rumor, un susurro que siendo de Thoreau (teórico de la desobediencia civil, encarcelado por negarse a pagar los impuestos para financiar la guerra de Estados Unidos contra México) reverbera en el negativo fotográfico de la Directiva de la Vergüenza y sus leyes hijas: “Bajo un gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel”.
En vísperas de Rosh Hashaná
Septiembre 2009
. * Patricio Reyes Caldarone es Vicepresidente de Casa Argentina en Tenerife. Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración y Licenciado en Historia del Arte (Universidad de Buenos Aires). Posgrado en Control y Gestión de Políticas Públicas (FLACSO). Miembro de AECPA (Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración).
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